¡Inauguramos el blog!  Mi nombre es Natalia y desde aquí me voy a colar en vuestras pantallas siempre que me dejéis. Entre mis aficiones esta la lectura y la verdad escribir también me gusta, con todos mis respetos a los escritores, una profesión que admiro a mas no poder. Pero mi intención no es otra que contaros noticias del mundo del té, curiosidades y todas esas cosillas que a mí en algún momento me llamaron la atención y me gustaría compartir con vosotros. También la cosmética, el deporte, viajes y destinos para conocer  serán parte importante de este espacio. Para hablar de deporte es un privilegio contar con Virginia Blanco, fines bikini y con Andrés del Valle, gimnasia artística. Dos ejemplos de esfuerzo y disciplina tanto en el entrenamiento como en su alimentación, lo cual es para mí digno de admirar. En cuestión de destinos y viajes, como no podía ser otra manera, contare con una gran profesional del sector turístico, Laura Jorge. De su mano estoy segura que conoceremos los mejores destinos, ella sabe mejor que nadie donde podemos disfrutar de nuestros días de desconexión.

Yo por mi parte hoy me gustaría contaros, resumiendo todo lo posible, cuando me volví loca por el té. La verdad que cronológicamente hablando solo sé que  fue hace mucho, más de la mitad de mi vida. Pero lo que sí que os puedo asegurar quien tuvo la culpable, de tan maravillosa locura, fue el té verde. Como amante de los tés que soy  me gustan prácticamente todos y cada día que amanece es una nueva oportunidad para probar uno diferente. Pero  hay uno al que siempre vuelvo, cada día el cuerpo me pide un té verde puro. Se dice que el té verde limpia el alma, ya que el té verde contiene menos cafeína que el té negro. Os explico, tanto el té verde como el té negro provienen de la misma planta. La diferencia está en su proceso de elaboración. Las hojas se dejan al vapor y se secan evitando que se rompan. Durante este proceso cuidadoso, el té mantiene su color pero también muchos de sus componentes saludables. Contiene vitaminas A, B, B12 y C, minerales como potasio, calcio o floruro. Grandes cantidades de antioxidantes. Estos refuerzan el sistema inmunológico y ayudan a nuestro cuerpo a protegerse de virus o infecciones. La medicina tradicional del lejano oriente dice que el té verde es un medio curativo contra muchos males corporales y psíquicos. Su preparación es sencilla, se calienta agua entre 60 y 90º  se añade 15 gr de té por cada litro, a partir de ahí en proporción. El tiempo de infusión es de 2 a 4 minutos. En el caso del té verde la infusión puede repetirse varias veces, pero las  hojas no deben dejarse secar.

Podríamos decir tanto y tan bueno de esta delicada bebida que no tendríamos fin, yo te diría que te prepares una taza de un buen té verde y disfruta, el resto puede esperar. Ya hablaremos…